Muchos
todavía perseguían la meta de poderla al menos rozar. Muchos ya lo
habían hecho y nadie más los volvió a ver, pero supongo que
merecía la pena. Se dice que varios se aventuraron incluso a
escribir sobre ello pero nadie sabe dónde se encuentran dichos
textos. O si existen siquiera. Hay demasiadas leyendas como para que
alguna sea cierta.
Era suave,
recuerdo que contaban. Quizás como la seda, tal vez como el
terciopelo. Una carretera de doble sentido por la naturaleza. Sólo
de imaginársela habría puesto de rodillas a un rey de haberlo
querido así. Era hermosa, o al menos así cuentan los artistas que
podría haber sido. Casi como esculpida por los dioses del Olimpo, o
una trampa mortal del azar si tenías la ventura (o la desventura,
qué sé yo) de chocarte con ella.
Fue
poseída, odiada, amada, y olvidada por tantos... Eso era algo que ya
jamás cambiaría. Y sólo ella sabe la historia.
No tenía
nada que ver con el amor, o la simple lujuria. No intentaba ganar
nada, tan sólo dejar de perder. Llegó un punto en el cual llegó
incluso a atentar contra lo más preciado que tenía, marcándolo
como los presos escriben en la piedra cuánto llevan de condena. Y
así, languideció.
Cambió de
costumbres. Su nombre ya no era el mismo, sus movimientos tan
insinuantes se habían vuelto toscos y poco elegantes. Por las calles
de la ciudad se preguntaban si echaría de menos aquel pasado, aquel
mundo de luces y sombras, aquellos olores y placeres que se podía
permitir o mas bien, que le permitían. Mas dudo mucho que ella,
habiendo sido lo que fue, piense ni un sólo instante en lo que dejó
atrás.
Respecto a
si era suave o no, bueno, lo sigue siendo. La piel de una persona es
de las pocas cosas que jamás podrá cambiar. Por suerte.

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