miércoles, 17 de octubre de 2012

Tells the story.

Muchos todavía perseguían la meta de poderla al menos rozar. Muchos ya lo habían hecho y nadie más los volvió a ver, pero supongo que merecía la pena. Se dice que varios se aventuraron incluso a escribir sobre ello pero nadie sabe dónde se encuentran dichos textos. O si existen siquiera. Hay demasiadas leyendas como para que alguna sea cierta.

Era suave, recuerdo que contaban. Quizás como la seda, tal vez como el terciopelo. Una carretera de doble sentido por la naturaleza. Sólo de imaginársela habría puesto de rodillas a un rey de haberlo querido así. Era hermosa, o al menos así cuentan los artistas que podría haber sido. Casi como esculpida por los dioses del Olimpo, o una trampa mortal del azar si tenías la ventura (o la desventura, qué sé yo) de chocarte con ella.

Fue poseída, odiada, amada, y olvidada por tantos... Eso era algo que ya jamás cambiaría. Y sólo ella sabe la historia.

No tenía nada que ver con el amor, o la simple lujuria. No intentaba ganar nada, tan sólo dejar de perder. Llegó un punto en el cual llegó incluso a atentar contra lo más preciado que tenía, marcándolo como los presos escriben en la piedra cuánto llevan de condena. Y así, languideció.

Cambió de costumbres. Su nombre ya no era el mismo, sus movimientos tan insinuantes se habían vuelto toscos y poco elegantes. Por las calles de la ciudad se preguntaban si echaría de menos aquel pasado, aquel mundo de luces y sombras, aquellos olores y placeres que se podía permitir o mas bien, que le permitían. Mas dudo mucho que ella, habiendo sido lo que fue, piense ni un sólo instante en lo que dejó atrás.

Respecto a si era suave o no, bueno, lo sigue siendo. La piel de una persona es de las pocas cosas que jamás podrá cambiar. Por suerte.

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