sábado, 19 de mayo de 2012

Punto Muerto.


No sé muy bien el motivo o conjunto de ellos que me han traído de nuevo aquí, frente a lo que antaño fue mi más fiel compañero, y mi más apasionada amante, el teclado y la escritura. Tampoco sé con exactitud qué venía a decir, si es que tuviera algo relevante que contar. ¿Por qué he regresado entonces? Porque extrañaba esto, cada palabra que pudiera decir, cada sensación que eso me trajese. Echaba de menos llorar de emoción y reír mientras mis dedos se deslizaban sobre las teclas, y mi mirada permanecía fija en las letras que iban surgiendo en la pantalla. Esas cosas que, como puedes ver, hace tiempo ya que no sentía.

Sinceramente sé que no me puedo quejar. Supongo que esto es lo que quiere todo el mundo, ¿no? Una vida tranquila que pasar, en mi caso en una eterna e imperecedera soledad. Días que ver nacer y morir sin el tiempo suficiente como para amarlos y echarlos en falta, como para escribir su historia. Básicamente una vida que no se vive, tan sólo se espera a que venga el fin.

Ahora, ni siquiera la música consigue suavizar el vacío que siento cuando pienso que, por mucho que crea, y que cree, nadie podrá valorarlo con una sonrisa o una crítica, nadie se quedará hasta las tantas conversando conmigo de mis pasiones, ni de mis fallas. Y de las palomitas, ¿quién saboreará la sal de esas palomitas una tarde cualquiera sentado a mi lado? O del centro de la ciudad. ¿A quién le diré yo que me encanta el color que se apodera de esas calles cuando se hace de noche? Exactamente, tú lo has dicho, a nadie. Vaya novedad y más viniendo de mí, válgase la ironía.

En fin, tan sólo era para dar señales de vida, que no parezca que sonrío menos, ni que lloro más aunque esa sea la verdad y no haya por qué ocultarla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario